Las inmunoterapias contra el cáncer aprovechan el poder del sistema inmunitario para atacar las células cancerosas que expresan antígenos asociados a tumores. Los inhibidores de puntos de control inmunitarios, como los anticuerpos monoclonales contra los receptores inhibidores de células T, es decir, PD-1/PD-L1 y CTLA-4, permiten que las células cancerosas que han evadido el sistema inmunitario sean reconocidas como no propias por los linfocitos T activados. Estas estrategias terapéuticas han tenido éxito clínico; sin embargo, las inmunoterapias contra el cáncer fallan en muchos pacientes, y las razones de estas respuestas mixtas no se comprenden bien. Por lo tanto, existe un interés significativo en identificar factores que modulen las respuestas inmunitarias e influyan en la eficacia de las inmunoterapias. La evidencia en evolución ha demostrado que uno de esos factores es la constelación de microbios comensales que habitan el cuerpo humano, la microbiota.

La microbiota humana se compone de una gran variedad de arqueas, bacterias, virus, hongos y protozoos unicelulares que desempeñan funciones críticas en el mantenimiento de la homeostasis fisiológica, lo que incluye influir en el desarrollo y la función del sistema inmunitario periférico y la inmunovigilancia antitumoral. Las perturbaciones en la composición y el equilibrio de la microbiota (es decir, disbiosis) pueden modular significativamente el sistema inmunitario y dar lugar a condiciones patológicas, como inflamación crónica y cáncer. Ha surgido que la presencia o ausencia de distintos microbios comensales puede tener un efecto marcado en la iniciación y progresión de los cánceres, así como en las respuestas del huésped a las inmunoterapias contra el cáncer.

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